Por el sitio web de una agencia de staffing pasan dos curvas de demanda completamente distintas, y confundirlas es el error clásico. Los buscadores de empleo generan la inmensa mayoría del volumen de búsqueda, llegan con consultas de turno y puesto a todas horas, sobre todo desde el teléfono. Los empleadores generan muchas menos búsquedas, pero cada una vale un orden de magnitud más, y buscan en un registro completamente diferente: agencia, contrato, temporal con opción a contratación, sector y ciudad. Una agencia que celebra el crecimiento del tráfico sin separar los dos normalmente solo celebra un volumen de postulantes que ya tenía.
La demanda de los empleadores se activa por un evento de producción. Llega un contrato, una línea abre un segundo turno, empieza una temporada alta o tres personas renuncian en una semana. Cuando pasa, el comprador está bajo presión operativa real y llama a quien parezca creíble más rápido, lo que convierte la velocidad de respuesta en parte del marketing y no en un detalle de ventas. Quiere saber los tiempos de cobertura, si de verdad cubres su tipo de puesto, cómo funciona el margen y qué pasa si una colocación no dura la semana.
La estacionalidad aquí es más marcada que en la mayoría de los servicios profesionales. La demanda de almacenes y logística crece fuerte hacia los meses de mayor venta minorista, la manufactura sigue sus propios ciclos de contratos y la contratación administrativa sube al inicio de los años presupuestales. La oferta de candidatos se mueve en sentido contrario en los periodos más apretados, así que la campaña tiene que adaptarse: impulsar la captación de empleadores cuando hay oferta de candidatos holgada, e impulsar el reclutamiento cuando se firma un contrato y los puestos están sin cubrir.